Un minuto de placer. Emoción para todo el día.

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Contemplo mi espacio y todo parece en perfecta armonía. Una estampa de serenidad y buen gusto.

El tiempo se detiene como en una foto antigua, en la que se observa el pasado desde un futuro lejano.

Mi cuerpo se integra como un recortable más en este álbum de postales del bienestar.

Mientras yo me evado.

Me elevo como humo, a otra parte, con el universo por techo, galaxias y estrellas entre mis brazos, que me reciben con su guiño de luz.

Efímero placer ingrávido.

Etéreo estado al que solo puedo abandonarme. Horizonte sin control, renegado de temor, pleno de incertidumbre.

El suelo se aleja tanto de mis pies que tensa la línea de vida. Unos cuantos tirones en el estómago y desciendo en picado, desinflándome como un globo exhausto.

Aterrizaje forzoso, en mi cama, desde dónde todo vuelve a mostrarse en perfecta armonía y serenidad.

Es un hecho

via-treb

Te echo de menos
Aunque no soportemos vivir juntos
Te empiezo a echar de menos
Cuando sé que te has de marchar
No sé qué extraño hilo ata nuestras vidas
Rígido para mantenernos a distancia
Resistente para impedir que nos soltemos
Algo en tu aura me vuelve adicta
Adicta a tus besos
Adicta a tus abrazos
Adicta a mirarte cuando no me ves
Anhelo tu presencia
Cuando no estás
Te echo de menos

Acaso fue la tarde

fotolia_128430240-2Un día más, Laura llegaba a casa con esa pesada sensación de nostalgia en el estómago.

El color violeta de la tarde evocaba aquellos alegres días en los que acaba la jornada impaciente por volver a casa.

Atravesó el umbral de su puerta, lanzó el portafolio sobre la mesa y los tacones al aire. Descorchó un Cabernet Sauvignon y, tras saborear el primer trago, se desplomó en el sillón.

Entornó los ojos y escuchó la dulce voz de Ella Fitzgerald susurrando “I’m beginning to see the light”, y entonces llegaron ellos,  los olvidados anhelos. Las suaves caricias en el cuello, el pelo lentamente enmarañado, las mejillas tibias y las cosquillas bajo la nariz. Sintió el profundo abrazo de su amado ausente, ahora cercano. Poseída por el azul de sus ojos y el brillo de su sonrisa, imaginó que le besaba, cuando una lengua áspera y seca le rascó los labios, devolviéndole de golpe a su sillón.

Con el felino en su regazo, Laura bebió y olvidó.

Hoy

ad157e2afff0b6cd13e1582d4abbe29aHoy ha amanecido un maravilloso día de enero
Los árboles lucen exultantes su esqueleto
Y el cielo es de un bonito azul claro
Salpicado por sinuosas borlas de algodón brillante
Lo miro y siento nostalgia de su abrazo
Del abrazo del mar
Del abrazo de las montañas
De un abrazo de amor
Hoy estoy especialmente cansada
Cansada de lo que es inherente a mi vida
El trabajo
Crecí trabajando
Maduré trabajando
Escapé de mis tragedias trabajando
Y envejezco trabajando
Más duramente que nunca
Ojalá pueda descansar

Los días de cada día

calleregresar a casa
en la tarde gris y marrón
con el cuerpo agotado
y los sueños aún más
después del día a día
y del duro trabajo

la pluma me llama
con susurro apagado
la hoja en blanco
aparece en el portal
al llegar a casa
y estar a salvo

escribo
por fin respiro
desolación, sinsentido
vaso de leche y cacao
calor y mimos
los ausentes, los ansiados
continuar sin descanso

¡que se apague el día!
¡que amanezca la noche!
es la lidia en la tarde
de los días de cada día