En el camino equivocado, o no

Caminó calle abajo sumido en la desesperación.
Acaba de salir de su prisión, y no reconocía el cielo, ni el aire, ni las gentes que actuaban a su paso en escenas de una película de acción.
Sin alma, llegó al cruce, inmerso en un profundo vacío, en el sinsentido de toda la semana.
Tras las largas horas, de tan solo unos segundos, que duró su ataque de angustia, el azul del cielo alcanzó sus pies, y se hizo profundo, oscuro, impalpable, sordo, volátil.
Flotó.
Y se elevó.

agujero espacial

Andy cayó en la cuenta de que no iba en dirección a su casa ¿Qué casa?
De que no iba en dirección a su hogar ¿Qué hogar?
De que no iba a encontrarse con ningún amigo ¿Qué amigo?
De que mañana no volvería a su trabajo ¿Qué trabajo?
El universo entero se lo tragó, y brillaron miles de pedazos de sí mismo, en la mejor y última sensación de su vida.
Abrió los ojos.
Y volvió a ser lunes.

Sobrevivo

ojoverdSobrevivo porque aprendí a olvidar,
A olvidar y a perdonar,
A pesar de lo inmerecido de ese perdón.
Sobrevivo porque solo la música es capaz
De hacerme recordar,
Instantes, diminutos instantes
En los que revivo el dolor y la tristeza,
Como una canción melancólica
Como la lluvia fina de un atardecer
En un momento se apaga
Y sigo viva, viva y entera,
Porque aprendí a olvidar,
A olvidar y a perdonar.

Un minuto de placer. Emoción para todo el día.

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Contemplo mi espacio y todo parece en perfecta armonía. Una estampa de serenidad y buen gusto.

El tiempo se detiene como en una foto antigua, en la que se observa el pasado desde un futuro lejano.

Mi cuerpo se integra como un recortable más en este álbum de postales del bienestar.

Mientras yo me evado.

Me elevo como humo, a otra parte, con el universo por techo, galaxias y estrellas entre mis brazos, que me reciben con su guiño de luz.

Efímero placer ingrávido.

Etéreo estado al que solo puedo abandonarme. Horizonte sin control, renegado de temor, pleno de incertidumbre.

El suelo se aleja tanto de mis pies que tensa la línea de vida. Unos cuantos tirones en el estómago y desciendo en picado, desinflándome como un globo exhausto.

Aterrizaje forzoso, en mi cama, desde dónde todo vuelve a mostrarse en perfecta armonía y serenidad.

Los días de cada día

calleregresar a casa
en la tarde gris y marrón
con el cuerpo agotado
y los sueños aún más
después del día a día
y del duro trabajo

la pluma me llama
con susurro apagado
la hoja en blanco
aparece en el portal
al llegar a casa
y estar a salvo

escribo
por fin respiro
desolación, sinsentido
vaso de leche y cacao
calor y mimos
los ausentes, los ansiados
continuar sin descanso

¡que se apague el día!
¡que amanezca la noche!
es la lidia en la tarde
de los días de cada día