Como la vida misma

Oswaldo supo que ese día moriría en la batalla.
Lo supo cuando se levantó de la cama
Y notó que los elementos a su alrededor habían dejado de brillar.
Lo supo cuando se vistió
Y frente al espejo observó a un hombre cansado.
Lo supo cuando blandió su espada
Y no sintió el calor del arrojo y la valentía.
Le ahogó la responsabilidad
El ansia de proteger a sus discípulos.
Les habló de la visión estratégica de un líder
De la seguridad y la confianza en las dotes de sus seguidores
Les habló del compromiso y de los actos ejemplares
De mantener el miedo a raya y protegerse de su parálisis.
Entre risas y bromas, el equipo se dirigió al campo de batalla
Y en la cruenta lucha, todos cumplieron su misión.

gladiadores280214

Oswaldo fue llamado al despacho del director
Quien le comunicó que ya no había lugar ni razón
Para su presencia en la contienda.
Se sintió deportado, proscrito
Condenado, deprimido.
Todos los honores previstos para su despedida
Innecesarios
No conseguirían desdibujar la tristeza en su semblante
Se alejó enmudecido
Con la cabeza más cerca del suelo que del cielo
Al llegar a casa, Manuela y sus dos hijos, se habían marchado
Sin una nota, sin un adiós, sin más abrazos.
El día en que perdió su alma
Oswaldo yació cadáver en el campo de batalla.

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