¿Dónde fueron a parar las vecinas cotillas?

                   En la esquina de San Joaquín con Cultura me encontré con tu doble. Iba a cruzar la calle en sentido contrario al mío. Con tu mismo pelo negro, perfectamente recortado, con tus patillas ligeramente alargadas, sugiriendo un falso estilo rockero. No tan bien vestido como tú. Su camiseta verde de algodón también era sencilla pero no de diseño, ni sus pantalones se parecían a tus reconocidos tejanos de insinuado descuido. No me fijé en sus zapatos, pero estoy segura de que sus deportivas no llegaban ni a la suela de las tuyas. Lo que realmente me llamó la atención era la expresión de su cara, su inequívoca mirada te había sido robada. Su aire de falsa humildad, reforzada por un halo de superyó inalcanzable, se anunciaba en el brillo de sus ojos negros, como los tuyos. También a él se le notaba íntimamente satisfecho, por su pose altiva a la par que discreta. Si le hubiese oído hablar, te habría reconocido regodeándote de tus habilidades con fingida modestia. Si le hubiese oído hablar, me habría reencontrado con aquel niñato imberbe, hijo de unos quiero y no puedo, y encantado de conocerse por guapo, simpático e inteligente. Hasta a mí pudiste engañarme. Pero yo te vi crecer.

           Apunto de cruzar la calle, tu doble y yo nos miramos a los ojos, apenas unos segundos, suficientes para leer en el espejo de su alma, que fuiste tú quien empujó a tu hermano con su moto por el barranco. Que te libraste de él porque no soportabas que fuese auténtico y tú, sólo un producto. Suficientes también para evocar la tristeza de su novia Cristina, a la que dejaste embarazada y abandonada tras meses de presunto consuelo. Había en su sombra parte de la tuya, boceto a carbón de la más endiablada de las conciencias.

           Él bajó del bordillo demasiado deprisa, tanto o más que la moto que lo golpeó, lanzándolo por el aire contra la puerta del Bar Condal. Y fíjate que, en el sobresalto, sólo pensé que habías vuelto a tener suerte, y esta vez sería tu doble quién pagase por tus pecados.

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