App I4000NIM Inductor del ánimo Versión Beta

A una hora temprana de la mañana del jueves, en el hall del sector C del edificio Arco’s, se abrieron simultáneamente las puertas de los ascensores B3X y P2Y, que transportaban hacia la superficie a tres vecinos de sendos niveles. 

–¡Guau! ¡Grrrrrr! 

–Señora, quíteme a este bicho inmundo de encima. Está mordiendo mis pantalones de mil dólares –gritó el señor Sickly.

–Oiga, cómo se atreve a insultar así a mi Pequeño Fufú. Pero ¿quién se ha creído que es usted?, presuntuoso maleducado. Si esos pantalones cuestan mil dólares es que le han timado, estúpido ignorante.

–¡Guau! ¡Grrrrrr!

–¿Maleducado yo? Primero me muerde esta bestia y luego es usted quien me insulta, y ¿me llama maleducado? Lo que me faltaba, está usted peor que el chucho.

–Pequeño Fufú, deja en paz a este caballero, con el cual espero que no nos crucemos nunca más.

–Lo mismo digo, señora. 

–Psssss –el pequeño Fufú no pudo contenerse.

–¡Paf! –sin pensárselo dos veces el señor Sickly propinó una tremenda patada al animal. 

–¡Uuum!

–Pequeño Fufú, ¿qué te ha hecho este cafre? –la señora Fussy cogió a su caniche en brazos y le acarició el lomo dándole besos en la frente.

–¡Bruto! Le denunciaré por violencia y crueldad con los animales.

–¿Pero es que no ha visto que se ha orinado en mi pierna? Mire cómo me ha puesto.

–No me extraña, es usted repelente y huele fatal. ¡Tenga!

–La señora Fussy golpeó con su bolso al señor Sickly.

–Apártese de mi vista, bruja. Y deje de golpearme. ¿Pero de dónde ha salido usted? ¿Es que busca pelea? –La detuvo con una mano y con la otra le dio un ligero tirón de pelo.

–¡Ahhh, energúmeno! ¿Cómo se atreve? Me ha destrozado el peinado. Le odio.

–¡Guau! ¡Guau! ¡Grrrrrr! –el señor Sickly introdujo su portadocumentos en la boca de Pequeño Fufú.

–Vuelva a su casa con ese monstruo enano, mema, y no salgan nunca más -gritó.

Súbitamente, la señora Fussy sintió una punzada de emoción, nadie le había hablado jamás en ese tono. Le miró ladeando la cabeza y sonrió con amabilidad y ternura.

–¡Oh! Es usted un hombre enérgico y con carácter, y el primero que no se rinde ante mí. Creo que me estoy enamorando.

–Olvídeme señora, estoy casado y además no la aguanto –pero la metamorfosis de su vecina y sus palabras le acababan de dejar perplejo–. Aunque… he de reconocer que es la primera vez que alguien me provoca semejante temperamento –el señor Sickly, íntimamente satisfecho, se relajó–. Está bien, lamento lo de su chucho y lo de su peinado. He de volver a casa para cambiarme de pantalones. Buenos días, señora…

–Fussy. Yo también le pido disculpas, le reembolsaré los gastos de lavandería. Hágame llegar la factura, se lo ruego. Vivo en el B325, no lo olvide. Buenos días, señor…

–Sickly.
                                     ***
Veinte minutos antes, el señor Sickly salía de su casa y entraba en el ascensor.

–Buenos días, señor Sickly. ¿Desea repasar su programa para hoy? –sonó la metalizada voz de la cabina.

–Buenos días, P2Y. Hoy tengo reunión con el Consejo del Sector Alpha. No soporto a su director, es un manipulador, y yo, no tengo carácter para imponerme. Cómo me gustaría hacerle sudar algún día.

–¿Sudar, señor? No reconozco esa emoción.

–Da igual, no te preocupes. ¡Ah! Esta noche, después de mucho tiempo, he quedado para cenar con mi esposa, a ver si hay suerte y tenemos sexo.

–Tomo nota señor. Hoy percibirá un peculiar aroma antes de salir de la cabina. Aspire profundamente y espero que se cumplan sus deseos. Qué tenga un buen día, señor Sickly.

Simultáneamente, en la cabina del ascensor B3X había entrado la señora Fussy.

–Buenos días, señora Fussy. Buenos días, Pequeño Fufú.

–Buenos días, B3X.

–¡Guau!

–¿Cómo le gustaría sentirse hoy, señora Fussy? No tiene nada programado en su agenda.

–Ay, no sé, si es que estoy tan aburrida de todo. Ya nada me complace. Necesito alguna emoción distinta, inesperada. Que alguien decida por mí –suspiró.

–Le entiendo señora. Quizás la última actualización de mi sistema pueda ayudarle. Notará un peculiar aroma antes de salir de la cabina. Aspire profundamente y pase un feliz día, señora Fussy. Igualmente, pequeño Fufú.

–Gracias, B3X, eres el único que me comprende.–¡Guau!

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