¿Quién dijo estrés?


     Abro los ojos con los tímidos rayos de sol golpeando mi puerta. Salto pletórico de la cama, dispuesto a comerme el campo. Café y buenos días. El equipo en perfecto estado. Desde mi sillón observo el mapa del laberinto. Busco un camino rápido y directo. Dicen que la línea recta no existe, pero hoy sólo es lunes, no estamos para filosofía. Cojo mi picht, mi mejor bola y la lanzo por la ventana. Cruza la ciudad y aterriza en la ladera de la montaña, desde donde empieza a resbalar en dirección al tee del 1. Me llama el jefe, ¿qué querrá? Siempre con prisa. Abro el Outlook y lanzo la bola al green. Leído. Dos putts y la bola está dentro. Prueba superada. Tee del 2. Reunión en dos minutos. No puede ser. ¿Redactar un proyecto para mañana? Mi bola se ha ido fuera de límites, tiraré otra, pero me va a costar caro. Hoja en blanco, no sé por dónde empezar. El hoyo 3 tiene una gran laguna en mitad de la calle. Ahora se cruzan los patos, por si tenía dudas. Tomaré un café, le pegaré con ganas y con la primera página saldrán todas las demás. Green y birdie. No me interrumpas. Un cliente quiere hablar contigo. Nos vemos en el tee del 4. Hay que sortear el muro de piedra y la trampa de arena. Con un poco de paciencia no parece tan antipático. Lo sabía, me he quedado corto. Disculpe le enviaremos la documentación esta misma mañana. ¡Chicos, planificación en el 5! Ideas para saltar la riera y pasar por encima del bunker sin tocar las palmeras. Un fuera de límites a estas alturas pondría en riesgo todo nuestro trabajo. Antes de acabar la mañana llegaremos al 9. Corro al tee del 6. Comunicación pide un cambio de imagen. ¿Y ha de ser hoy? No hay problema. Un tiro creativo y par. Los accionistas esperan en el 7. PowerPoint y artillería pesada para el hoyo más largo del campo. Árboles a la derecha. Más a la derecha estás muerto. La izquierda no aporta nada, pero no molesta. Me han faltado 10 metros para un tiro perfecto. Las relaciones públicas consumen mucha energía. Personalmente prefiero hoyos como el 8, complejos, que requieren concentración, y donde te juegas el amor propio. El green es pura falacia. No necesito más retos, tampoco cobraré objetivos. No hay que tener miedo o estás perdido. Horror, la bola se ha clavado en el talud, cuando la empuje caerá más allá de la bandera. El encargado de taller no ha venido a trabajar, los operarios no saben qué hacer. No puedo creerlo. Doble boggie. Necesito una primitiva, esto me supera. Que se vayan a casa y alguien llame a ese señor. El dolor de estómago de las dos y media. En el 9 me la juego con resignación. Lanzo mi bola y mi fe salta con ella. Bunker y fuera límites por todas partes menos por una. Árboles y un gran desnivel. ¡Chicos, a comer! Bola en el antegreen. Ya da lo mismo, un par no me arreglará la tarjeta. A la tarde, auditores y los otros 9.

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