aproximadamente

number-2038282_960_720Estoy a 2 minutos de escribir la historia interminable de mi vida

Estoy a 2 minutos de conseguir la medalla de oro a la paciencia y la resistencia

Estoy a 2 minutos de alcanzar la cima de esa montaña que siempre me tira piedras

A 2 minutos de dejar atrás todo cuento me hace perder el brillo y la sonrisa

A 2 minutos

A 2 metros

A 2 telediarios

2 es el número que dribla a mi corazón

2 dividido a partes iguales

2 pedazos en 1

2 en la carretera

2 de 2

Peor el único 2 que se manifiesta

es el de la potencia obtenida de multiplicarme por mí misma

lunes

DSCN1286no hay camino que me busque
más que yo a él
ni camino que pueda encontrarme
por sorpresa

o eso creo yo

la prisa imprevisible y caprichosa
doblega a la pausa
se desvanecen los ansiados atajos
y en el orden inalterable de las cosas
al lunes le sucede el martes

o eso creo yo

entre rejas

09 Help

el poeta en su jaula

ha dejado de cantar

dulce rima
que no acaricia mis anhelos

el poeta en su jaula

ha construido un salón

de silencioso confort
dónde día a día

se disuelve lentamente

sin objeto
sin pasión

el poeta mudo en su jaula

ya no alienta mi canción

El menú del día

El motor de la avioneta empezó a emitir un sonido extraño, como mil nueces cascándose en Navidad. De pronto empezamos a perder altura. Caímos tan rápido que no tuvimos tiempo de ver las escenas de nuestra vida pasar.

Amortiguó la caída un gran cocotero. El dulce aroma tropical se mezcló con los sabores amargos de gasoil.

Salí despedido por la ventanilla, estampándome en el suelo bajo una lluvia de cocos golpeando mi cabeza.

manihi-cocotier-tmk

Mi compañero no sobrevivió. Solo y desorientado, comencé a deambular por la espesa jungla.

No sé los días que transcuerrieron, pero mi estómago ya gritaba “¡socorro, dame algo más que agua de coco! Por el eco de sus alaridos decidí hacerme carnívoro, e intentar robarle la presa a algún animal con más recursos que yo para la caza.

Entré en lo que parecía la guarida de un felino, y tuve la suerte de toparme con los restos de un opíparo festín de roedores. Mordí un trozo de carne y, lo que al principio me pareció una rica hamburguesa con ketchup y mostaza, acabó resultándome un chupachup de caquita de perro.

Mientras masticaba, las náuseas me acompañaban en marejada, así que probé con unos escarabajos muertos cuyo sabor ácido, como la orina de un gato viejo, me teletransportó a la cocina de mi abuela.

Maldito sábado

El caldero en el que me cocinaron tenía tantos ingredientes
Que no se reconoce el sabor que tengo

Me miro al espejo y veo un rostro marcado por siglos de duro trabajo
Cierro los ojos y veo mis pies descalzos atravesando el Wadi Rum
Miro mis manos agrietadas trabajando en los campos de Sichuan
Observo mi cuerpo yaciente y ensangrentado en el barro de Urgench

Tantos afectos, tantos paisajes
Y tan poco tiempo para deleitarse

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Me cocinaron a fuego lento
entre lecciones magistrales y una gran bibliografía
Que como la bola de un preso, me impide despegar

Cierro los ojos y vuelo, pero vuelo en soledad
Como el águila que ya no tiene ganas de cazar
Planeo, observo, espero un final

Me cocinaron con exceso de verduras
Para que mi carne no resultase atractiva a los tiburones
Aunque ellos estaban hambrientos, y sentí una insana empatía
En un acto estéril, les entregué trozos de mí
Sin brazos, sin piernas
Continuaron insaciables

Cierro los ojos y veo un aura anaranjada en mi constelación
Miro mis manos preparando una medicina para el tormento
Observo mi cuerpo abonando los bosques, echando raíces
Sonrío feliz a quienes se acercan
Para depositar un nuevo ingrediente en mi caldero
Y hacer que este puchero supere las expectativas
Del más refinado gourmet

50 o 60

50 o 60 veces me habré levantado del suelo
50 o 60 veces habré emergido de mis propias cenizas
50 o 60 veces habré visto tan fácil llegar al objetivo

50 o 60 veces me habré caído por el precipicio
y 50 o 60 veces más habré vuelto a subir esa misma montaña

no tengo ni idea de si esto algún día parará
si finalmente me abatirá el cansancio
o si seré abducida
lo cierto es que ya soy profesional

me pregunto cómo debe de ser la vida de aquellos
que después de cruzar la meta
esperan pacientes a recibir los laureles

50 o 60 veces más haré el recorrido
70 u 80 qué más da
porque el recorrido tiene sentido
los laureles me ponen nerviosa

fenix

Imagen de Liu Hao – http://www.seresmitologicos.net

Sin caracolas

La noche que te encontré
Vestías de pálido gris
Con menos gracia que de costumbre
Banalidades y copas sin parar
Predestinados a escapar del guion
Nadamos hasta el atardecer
Con más ansia que interés
Con más curiosidad que inspiración
Naufragamos en la isla del silencio
Sin caracolas de mar
Sin agua de coco
Sin frutas de pasión
La noche que te dije adiós
Vestías de pardo marrón
Con menos gracia que de costumbre
Banalidades y copas para aparentar

Como la vida misma

Oswaldo supo que ese día moriría en la batalla.
Lo supo cuando se levantó de la cama
Y notó que los elementos a su alrededor habían dejado de brillar.
Lo supo cuando se vistió
Y frente al espejo observó a un hombre cansado.
Lo supo cuando blandió su espada
Y no sintió el calor del arrojo y la valentía.
Le ahogó la responsabilidad
El ansia de proteger a sus discípulos.
Les habló de la visión estratégica de un líder
De la seguridad y la confianza en las dotes de sus seguidores
Les habló del compromiso y de los actos ejemplares
De mantener el miedo a raya y protegerse de su parálisis.
Entre risas y bromas, el equipo se dirigió al campo de batalla
Y en la cruenta lucha, todos cumplieron su misión.

gladiadores280214

Oswaldo fue llamado al despacho del director
Quien le comunicó que ya no había lugar ni razón
Para su presencia en la contienda.
Se sintió deportado, proscrito
Condenado, deprimido.
Todos los honores previstos para su despedida
Innecesarios
No conseguirían desdibujar la tristeza en su semblante
Se alejó enmudecido
Con la cabeza más cerca del suelo que del cielo
Al llegar a casa, Manuela y sus dos hijos, se habían marchado
Sin una nota, sin un adiós, sin más abrazos.
El día en que perdió su alma
Oswaldo yació cadáver en el campo de batalla.

En el camino equivocado, o no

Caminó calle abajo sumido en la desesperación.
Acaba de salir de su prisión, y no reconocía el cielo, ni el aire, ni las gentes que actuaban a su paso en escenas de una película de acción.
Sin alma, llegó al cruce, inmerso en un profundo vacío, en el sinsentido de toda la semana.
Tras las largas horas, de tan solo unos segundos, que duró su ataque de angustia, el azul del cielo alcanzó sus pies, y se hizo profundo, oscuro, impalpable, sordo, volátil.
Flotó.
Y se elevó.

agujero espacial

Andy cayó en la cuenta de que no iba en dirección a su casa ¿Qué casa?
De que no iba en dirección a su hogar ¿Qué hogar?
De que no iba a encontrarse con ningún amigo ¿Qué amigo?
De que mañana no volvería a su trabajo ¿Qué trabajo?
El universo entero se lo tragó, y brillaron miles de pedazos de sí mismo, en la mejor y última sensación de su vida.
Abrió los ojos.
Y volvió a ser lunes.

objetivo trigonométrico

situarse en la tangente de la realidad
persiguir ese estado del alma
en que todo transcurre
de manera naturaltiger-2791980_1920
todo es comprensible
todo es soportable
todo es parte del juego de la vida
para sufrir como siempre
pero sin tragedia
persiguir ese estado de la mente
siempre tranquila
siempre dispuesta
siempre ágil de pensamiento
perseguir una mirada         de color gris-azulado
de otoño
de renovación
para traslucir el contorno del yo
tan sólo el contorno

Evasión

locomotive-2814130_640Hay un tren que une los imaginarios de Sam y Soyer.

A Sam le gusta nadar, sumergirse en las profundidades,

A Soyer volar, elevarse por encima de las nubes,

De regreso a casa, después de un largo día de trabajo,
Se deslizan redimidos entre los vagones,
Del dorado al azul, del azul al dorado,
Y de fondo, Otherside en la radio.

Libro de cuentas

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En el catálogo de recuerdos de los que no me siento orgullosa
Hay personas, animales y cosas,
Personas que no han encajado en mi constelación
Animales que me he almorzado entre pan con tomate
Cosas cuya posesión resultó innecesaria.

En el catálogo de momentos de los que me siento agradecida
Hay personas, animales y cosas,
Personas malvadas por las que aprendí a perdonar
Animales con alma que me protegieron con pasión
Cosas que me mostraron auténticas paradojas de la vida.

En el catálogo de pensamientos indomables a los que no quiero renunciar
Hay personas, animales y cosas,
Personas que amo pero no comprendo
Animales que aborrezco pero soporto
Cosas que sé que existen pero no veo.

En los catálogos de mi vida, como en los de cualquier otra
Hay personas, animales y cosas
Suficientes como para escribir un libro.

Sobrevivo

ojoverdSobrevivo porque aprendí a olvidar,
A olvidar y a perdonar,
A pesar de lo inmerecido de ese perdón.
Sobrevivo porque solo la música es capaz
De hacerme recordar,
Instantes, diminutos instantes
En los que revivo el dolor y la tristeza,
Como una canción melancólica
Como la lluvia fina de un atardecer
En un momento se apaga
Y sigo viva, viva y entera,
Porque aprendí a olvidar,
A olvidar y a perdonar.

En estos días

Time_18En estos días festivos, hay algo que valoro casi tanto como disfrutar de la compañía de mis familiares y amigos, y es disponer de esos pequeños momentos conmigo misma, sin condiciones, sin ansiedad por ganarle al día unos minutos para volver a mi base y recargar baterías, para gozar il dolce far niente. Esos instantes maravillosos de soledad elegida y deseada, casi robada a quienes me reclaman, mal interpretada por quienes no la necesitan ni comprenden.

Enormemente agradecida a todos con quienes comparto mi vida, porque sin ellos, estos momentos no tendrían ningún sentido; y porque con ellos, continuamos sumando gratos recuerdos a la Navidad.

Un minuto de placer. Emoción para todo el día.

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Contemplo mi espacio y todo parece en perfecta armonía. Una estampa de serenidad y buen gusto.

El tiempo se detiene como en una foto antigua, en la que se observa el pasado desde un futuro lejano.

Mi cuerpo se integra como un recortable más en este álbum de postales del bienestar.

Mientras yo me evado.

Me elevo como humo, a otra parte, con el universo por techo, galaxias y estrellas entre mis brazos, que me reciben con su guiño de luz.

Efímero placer ingrávido.

Etéreo estado al que solo puedo abandonarme. Horizonte sin control, renegado de temor, pleno de incertidumbre.

El suelo se aleja tanto de mis pies que tensa la línea de vida. Unos cuantos tirones en el estómago y desciendo en picado, desinflándome como un globo exhausto.

Aterrizaje forzoso, en mi cama, desde dónde todo vuelve a mostrarse en perfecta armonía y serenidad.

caminamos

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caminamos en la cuerda floja
no es un deseo
sino una necesidad
la necesidad de atravesar el vacío del día a día
para alcanzar la plenitud del espíritu
silenciar al ego y dejarnos mecer por el viento

caminamos con el precipicio bajo nuestros pies
nadie nos acompaña
sólo unos pocos nos atrevemos a traspasar
la nube oscura que envuelve la realidad
a mirar más allá de los reflejos de la caverna
buscando la poesía que la rutina desplomó

caminamos por eso
no paramos de caminar
sorteando las piedras que lanzan a nuestro paso
sufriendo la intemperie y el desamor

caminamos seguros de encontrarnos
tarde o temprano
reconocernos y abrazarnos

caminamos cada uno por su lado
pero podemos darnos la mano
mirarnos a los ojos y saltar al vacío
sabiendo que en ese salto de fe
la distancia será más corta si nos apoyamos

caminemos a través del arte
de la naturaleza
del sentimiento íntimo y del amor
recuperemos el elixir de la rima
y las notas musicales que un día alguien silenció

anímate amado amigo
desde el otro lado del abismo
te tiendo mi mano
y te abro mi corazón

Los buenos y los malos

Max y yo jugábamos juntos desde que tuvimos edad para hacerlo. En aquella época, mis juguetes consistían en alguna muñeca rígida con pelo de estropajo, a la que siempre se le salía el brazo o la pierna de su sitio; bastantes cuentos, porque ya mostraba indicios de mi futura adicción a la lectura; algunos cacharritos de cocina, para jugar a papás y a mamás; y varios instrumentos de botiquín, para jugar a médicos y enfermeras. Éstos últimos eran juguetes que no me hacían especial ilusión, excepto una nevera con luz que me regaló el novio de mi hermana cuando tuve el sarampión. Era más moderna que la que había en mi casa, que aún funcionaba con hielo.

Con quien yo pasaba más horas jugando, era con Max, y él sí tenía ese juguete fantástico que a mí nunca me traerían los Reyes Magos por ser una niña: un fuerte de madera, con indios y americanos. Llamábamos americanos a los vaqueros, a los pistoleros y a los soldados. Y a los indios, sólo indios, porque en esa época no sabíamos que también eran americanos.

El fuerte de madera era, además de una fortaleza, un pueblo, una gran casa donde vivían los buenos, protegidos de los malos por los soldados del 7º de caballería. Tampoco supimos nunca si hubo un 5º o un 6º, pero el 7º era lo más.

Tanto los vaqueros, pistoleros, soldados e indios, a pie y a caballo, eran pequeños muñecos de plástico, de un solo color, que vendían en sobres de 10, y que venían enganchados unos con otros.

lote_31416_2En el pasillo de su casa recreábamos el oeste americano, ayudándonos de otros enseres de la estancia, si la película de ese día lo requería. Y en el centro de todo el decorado, resplandecía el fuerte. Max era el único niño del barrio que tenía uno así, por eso nunca lo sacaba a la calle, para que no se lo quitasen.

Colocados todos los personajes en su puesto, empezábamos a jugar “a buenos y a malos”. Él siempre luchaba con los buenos, que para eso el fuerte era suyo, y además tenía una estrella de sheriff.  Y yo, atacaba con los malos, que claro, como eran malos, siempre morían o se tenían que rendir cuando ya habían perdido hasta los caballos.

Habían unos indios particularmente feos con un hacha en la mano, bastantes inútiles, dado que ya sabíamos cuál iba a ser su final. Pero yo aprovechaba que eran pocos y muy malos para pelear encarnizadamente, cuerpo a cuerpo, y conseguir que durase más rato la contienda antes de nos matasen de un tiro, porque ellos, como eran buenos, tenían rifles y pistolas.

A veces yo protestaba, porque también quería ser de los buenos, y es que para ellos siempre había un final feliz, además de disfrutar de avanzados recursos defensivos. En cambio mis indios, eran malos y tontos, porque no tenían más objetivo que asaltar el fuerte con sus primitivas hachas y flechas, y matar a los muñecos de mi amigo, para después morir, que es lo que se merecían por ser malos. Aunque confieso que siempre mantuve la esperanza de que alguna vez ganasen.

Sigo adorando las películas del oeste, aunque con los años preferí la sabiduría de Toro Sentado, y sobre todo, sus pipas de la paz. En cambio, mi amigo nunca llegó a fumar. Y es que los malos no suelen dar buenos ejemplos. O viceversa.